Por: Ariel Palazzesi

¿Es posible orientarse de forma precisa en los viajes interespaciales? Los científicos del Observatoire de Paris creen que sí, y se han propuesto utilizar las señales emitidas por los pulsares  como si fuesen un gigantesco sistema GPS, capaz de situar cualquier objeto dentro de la galaxia con una precisión de un metro.

Un pulsar es una estrella de neutrones que emite ráfagas de radiación electromagnética a intervalos regulares que están relacionados con su período de rotación. Estas estrellas pueden girar sobre sí mismas incluso varios cientos de veces por segundo, y los puntos sobre su superficie se mueven a velocidades de hasta 70.000 km/segundo. El efecto combinado de la tremenda densidad de las estrellas de neutrones y su intenso campo magnético hace que cuando se acercan partículas del exterior sean  aceleradas a velocidades extremas, creando chorros de radiación -ondas de radio, rayos X o rayos gamma- muy intensos.

Pulsar de la zona central de la Nebulosa del Cangrejo.

Por algún motivo que los astrofísicos aún no logran revelar, los polos magnéticos de muchas estrellas de neutrones no coinciden con su eje de giro. Como resultado de esto, los chorros de radiación de los polos magnéticos no apuntan siempre en la misma dirección, sino que giran con la estrella. Un observador lejano puede “verráfagas de rayos X que duran un instante cada vez que el  polo magnético de la estrella apunta hacia su posición. Debido al giro de la estrella, el observador en realidad percibe pulsos de radiación con un período muy exacto, repetidos una y otra vez, como si se tratase de un faro potente y extremadamente veloz. Por ese motivo se llaman pulsares (del inglés Pulsating star, o “estrella pulsante”) a este tipo de estrellas de neutrones.

Recientemente, Bertolomé Coll, un científico del Observatoire de París ha desarrollado una teoría que permitiría utilizar las características naturales de los pulsares para montar una especie de GPS interestelar -al que denomina PPS (Pulsar Positioning System)- destinado a servir de guía durante los viajes espaciales. Concretamente, propone utilizar las señales de radio provenientes de cuatro pulsares como base para una serie de cálculos matemáticos que, gracias a la magia de la Teoría de la Relatividad, permitirían obtener nuestra posición dentro de la galaxia con un margen de error de un metro.

El PPS tendrá una exactitud de alrededor de un metro.

El PPS funcionará como el GPS, pero en lugar de emplear un sistema de satélites para enviar regularmente señales de radio para que sean trianguladas por un receptor, utilizará pulsares.  Como ocurre con los satélites GPS, la localización de los pulsares es bien conocida y emiten pulsos a intervalos muy regulares y previsibles, con duraciones que se miden en milisegundos. Bartolomé Coll junto al catalán Albert Tarantola han propuesto como “punto cero” del PPS el 1 de enero de 2001, como homenaje al Interplanetary Scintillation Array, el primer radio telescopio que detectó señales de los pulsares. Una vez determinado este origen de coordenadas, cualquier nave espacial podría calcular su posición en el espacio y en el tiempo con una exactitud de alrededor de un metro.

Si la teoría del PPS permite la construcción de un dispositivo real, las sondas espaciales podrían planificar sobre la marcha correcciones sobre las rutas originalmente trazadas. Y cuando por fin estemos en condiciones de hacer viajes interestelares, contaremos un sistema de navegación seguro para encontrar nuestro destino.

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