ORION : EL GIGANTE CAZADOR
UNA DE LAS TANTAS LEYENDAS MITOLÓGICAS SOBRE ORION

De todas las constelaciones visibles en nuestro hemisferio en las noches de verano, Orión es seguramente una de  las más espectaculares y quizás para muchos, la más fácil de encontrar  y reconocer, sólo tienes que buscar a “las tres marías” (el cinturón) y el resto se te presenta sin ningún esfuerzo y sin tener que echar mano de la imaginación como en muchas otras constelaciones. (Fig. 1, en nuestro hemisferio se ve de cabeza)

En un tiempo muy lejano, en la ciudad de Tebas, vivía un viejo campesino llamado Hierius. Un día ofreció hospitalidad a tres viajeros que eran Zeus, Neptuno y Mercurio. Una vez que hubieron comido, los visitantes le preguntaron al campesino si tenía algún deseo, él respondió que siempre quiso tener un hijo pero por circunstancias de la vida nunca lo consiguió, entonces los dioses le complacieron, y cogiendo la piel del buey que acababan de comerse, orinaron encima y se la entregaron a Herius pidiéndole que la enterrara junto al cuerpo de su difunta esposa fallecida tiempo atrás. Pasaron unos meses cuando de allí nació un bebé al que Hierius llamó Orión, debido a la forma que fue concebido.

 

Orión destacó entre todos los héroes existentes por su tamaño y su fuerza. Era tan grande que cuando se adentraba en los mares más profundos el agua no le llegaba más que hasta los hombros.  Cazador extraordinario, perseguía a las bestias en la tierra y en los cielos, siempre acompañado por sus perros Canis Major y Canis Minor (Fig 2), hasta llegó a trabajar en el séquito de Artemisa, diosa de la caza y hermana gemela de Apolo.

Un día, el joven cazador, seguido por sus fieles perros, se encontraba cazando por el bosque, cuando se encontró con un grupo de siete doncellas de Artemisa. Orión quiso acercarse a las jóvenes, pero éstas asustadas, al ver que se acercaba a ellas, huyeron corriendo y pidiendo ayuda. Artemisa, que se había percatado de lo ocurrido y para ayudarlas, haciendo uso de sus poderes, las convirtió en palomas, y lo único que vio Orión cuando llegó al lugar fué cómo se elevaban en el aire hasta llegar al cielo, donde se convirtieron en una constelación, compuesta de siete estrellas brillantes (las Pléyades, hijas de Atlas y Pléyone)

Otro día, se fue a Hiria, en Quíos, donde conoció a la bella Mérope, hija de Enopión y nieta de Dionisio, enamorándose de ella al instante le pidió a Enopión la mano de su hija. Pero no lo tendría fácil, pues, receloso por la petición tan apresurada que le hacía, Enopión le prometió que le daría a Mérope por esposa, si liberaba a toda su tierra de los peligrosos animales que andaban a sus anchas por allí. Orión aceptó encantado sabiendo que era una tarea fácil de conseguir , pues siempre se había sentido orgulloso de que no había sobre la tierra ningún animal o bestia al que no pudiera derrotar. Todos los día salía con sus perros de caza, y por las noches, le ofrecía a Mérope las pieles de las bestias que mataba. Pasaron los días y poco a poco fue acabando con todas las bestias que vivían en la isla. Una vez ya no quedaban fieras por matar se dirigió a Enopión para pedirle a Mérope como esposa. Pero diciendo que aun quedaban animales por la isla, le negó la mano de su hija, pero en realidad lo que quería era retener tiempo, pues por lo visto, él también estaba enamorado de Mérope, su propia hija.

Orión, enfadándose muchísimo, empezó a beber, hasta que medio borracho se dirigió al dormitorio de Mérope para tomarla por la fuerza, pero fue sorprendido por Enopión quien invocando a su padre Dionisio mandó unos sátiros para que le castigaran de forma  que siguierion dándole vino hasta que cayó totalmente borracho, y aprovechando que se quedó dormido, le arrancó los dos ojos arrojándolos a la orilla del mar, dejándole ciego.

Orión desesperado consultó con el oráculo, anunciándole éste que recobraría la vista si viajaba hasta el oriente y dirigía la cabeza en dirección al sol en el punto en que se elevaba sobre el océano para que los rayos pudieran entrar directamente por sus huecos vacíos.

Así, ciego, vagó de lugar en lugar esperando encontrar a alguien que le pudiera ayudar a recuperar su vista. Hasta que llegó al encuentro de los Cíclopes, y uno de ellos se compadeció y golpeando un martillo se adentró en el mar, mientras Orión le seguía guiándose por  el sonido que producía el Cíclope, hasta que llegó a Lemnos. Una vez allí, conoció a  Hefesto, el cual también se apiadó de él y le asignó a su criado Celadión para que lo acompañara en todo momento y poniéndoselo sobre los hombros le condujo como guía por tierra y mar como un lazarillo, hasta que al fin llegaron a la parte más lejana del océano, donde le conoció Eos, hermana del sol, que se enamoró de él, entonces Helios (el Sol) le devolvió la vista. (Fig. 3)

 
 

En su afán de venganza, Orión sale en busca de Enopión, quien sin embargo es puesto a salvo por los habitantes de Quíos que lo habían escondido en una cámara subterránea de la isla. Sin desistir en su empeño, Orión pensó que había escapado hacia Creta en busca de la protección de su abuelo Minos, y mientras se dirigía a Creta, se dedicó a cazar a todo animal que se encontraba por el camino. Ya en Creta  se encontró con Artemis, la cual desde siempre había estado enamorada de él. Como los dos compartían la afición por la caza, Artemis no tardó en convencerle para que olvidara su venganza y a cambio saliese con ella de cacería.

Apolo,  habiéndose enterado que a Orión la habían devuelto la visión y temiendo que pudiera conquistar a su hermana Artemis, llamó a Gea (la madre tierra) para que mandara un escorpión gigante y acabara con la vida de Orión.

Lejos de sospechar cualquier ataque contra él, Orión pasaba los días con Artemis, hasta que se encontró con el gigantesco escorpión y apresurándose le atacó primero con flechas, luego con la espada, pero viendo que su coraza era lo suficientemente dura y convenciéndose que no podía hacer otra cosa más que huir si quería salvar la vida, se sumergió en el mar y nadó en dirección a Delos, buscando la protección de Eos.

Mientras Apolo, sabiendo que Orión había conseguido escapar del escorpión y viendo que estaba mar adentro se fue a ver a Artemis y haciendole creer que el bulto negro que se movía en el mar era la cabeza de un ser malvado llamado Candaor, le convenció para que le disparara una de sus flechas para matarle y así evitar que sedujera a Opis, una de las sacerdotisas hiperbóreas. Lo que Artemis no sabía era que “Candaor” era el apodo de Orión que le pusieron en el tiempo que estuvo viviendo en Beocia.

Sin pensárselo dos veces, Artemis coguiendo su arco y una flecha apuntó hacia el mar y con un golpe certero acabó, sin saberlo, con la vida del hombre del que estaba enamorada.

Nadando se acercó para comprobar que Candaor estaba muerto, cuando vio con sorpresa a Orión con la cabeza traspasada por la flecha. Sumida en una gran tristeza, le suplicó a Asclepio, que era hijo de Apolo, que le resucitara, y éste consintió, pero antes de que pudiera realizar la obra, un rayo enviado por Zeus, le mató. Entonces, desconsolada por la pérdida y ante la imposibilidad de que pudiera ser resucitado, Artemis pidió a Zeus que fuera trasladado al cielo y rindiendo honor al que había sido un magnífico cazador  puso la imagen de Orión en las estrellas convertido en constelación y perseguido eternamente por el escorpión.

Para Los egipcios, Orion es el lugar de residencia de Osiris, el Dios Faraón que enseñó a su pueblo el arte de la agricultura, después de ser muerto por su hermano con la cabeza de animal, Set. Osiris resucitó de entre los muertos y fue a residir a la constelación de Orion. Isis, su amada esposa, quedó residiendo cerca, en la estrella de Sirio. (Fig. 4)