Por: Ariel Palazzesi

Los astrónomos siempre han dicho que la “zona habitable” alrededor de una estrella es una pequeña región donde las temperaturas no son demasiado altas o bajas, de modo que los planetas que allí se encuentren posean agua líquida y, por consiguiente, puedan sustentar vida tal como la conocemos. Pero una nueva teoría podría ampliar las posibilidades de que un planeta sea habitable, aun estando fuera de esa zona

Las fuerzas gravitatorias son una fuente muy importante de calor

Si dejamos de lado las posibles formas de vida exóticas que no requieran de agua liquida para sobrevivir, los planetas capaces de sostener vida (tal cual la conocemos) deben encontrarse en una pequeña zona que rodea a su estrella, en la que las temperaturas no sean extremas. Si el planeta está cerca de su sol, se parecerá a Mercurio, y difícilmente algo pueda vivir en un horno semejante, en el que cualquier rastro de agua se habrá transformado casi con seguridad en vapor. Por el contrario, si se encuentra a una gran distancia de su estrella, las bajísimas temperaturas congelarán sus océanos, impidiendo que la vida pueda desarrollarse en él.

Pero los astrónomos están reconsiderando esta postura, a partir de estudios efectuados por Brian Jackson, Rory Barnes y Richard Greenberg, todos del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona. Estos científicos han demostrado que las mareas pueden desempeñar un papel muy importante en la temperatura de los planetas del tipo terrestre. Las fuerzas gravitatorias de la estrella provocan deslizamientos entre las placas tectónicas de todos planetas, y ese movimiento es una fuente muy importante de calor, que puede modificar las condiciones térmicas del mismo. Esto hace que, en planetas fuera de la región que normalmente se considera habitable y en los que uno podría esperar condiciones de frío extremo, el calor proveniente de las mareas brinde condiciones favorables para la vida.

Los exoplanetas descubiertos poseen órbitas alargadas

Lo primero que uno se puede preguntar, al leer esto, es cómo puede ser que los astrónomos hayan tardado tanto tiempo en darse cuenta de la importancia de estas mareas sobre las temperaturas de un planeta. La razón es que nuestro Sistema Solar es relativamente anómalo. Sus planetas se mueven en órbitas ligeramente elípticas y  tranquilas alrededor del Sol. Pero la mayor parte de los exoplanetas descubiertos hasta la fecha poseen órbitas extremadamente alargadas. Esto provoca que, a lo largo de “su año” sea “estirado” por las mareas cuando está cerca de la estrella, y vuelva a su forma normal cuando se aleja. Este efecto produce una fricción capaz de producir un calor interno capaz de dirigir los procesos geofísicos del planeta.

Un planeta con una masa de entre dos y diez veces la terrestre, girando con una órbita fuertemente elíptica alrededor de una estrella, sufriría un calentamiento por marea tan grande que bastaría para fundirlos, o al menos, para producir un vulcanismo infernal. Seguramente tendría  agua liquida en alguna parte, pero sus condiciones serian bastante incómodas para que algún día decidamos colonizarlos. Sin embargo, entre una órbita extrema como la mencionada y una circular, hay una serie de elipses más suaves que proporcionarían el calor suficiente para hacerlo confortable, aún cuando se encuentre fuera de la región habitable clásica.

El calor de las mareas brinda condiciones para la vida

El calentamiento por marea también puede crear condiciones habitables en planetas que de otra forma serían demasiado pequeños o demasiado fríos para soportar vida”, asegura Jackson. Incluso, el aumento del vulcanismo como resultado de las mareas, permitiría el escape de gases volátiles que proporcionaría al planeta atmósfera. Según los científicos, el calentamiento por marea también puede evitar que se deposite una cantidad excesiva de dióxido de carbono en la atmósfera planetaria, produciendo una atmósfera invernadero letal como la que se encuentra en Venus, gracias a la tectónica de placas. “Nuestro estudio demuestra que el calentamiento por marea puede producir suficiente calor para dirigir las placas tectónicas durante miles de millones de años, lo suficiente para que aparezca y florezca la vida”, agregó Jackson.

Sin dudas es una buena noticia. Si en algún momento decidimos hacer las valijas y abandonar la Tierra (o enviar algunas hormigas), tendremos un mayor número de mundos para escoger.